A FALTA DE RIGOR, BUENAS SON TORTAS...

Dice el refranero, siempre sabio y a muy a menudo acertado, aquello de "a falta de pan, buenas son tortas". Lo que traducido al lenguaje de hoy, a lo que nos sucede en el día a día en la urbe, es algo así como "a falta de rigor, buenas son las medidas absolutas". 

 

Así sucede. A alguien muy, pero que muy sensato en el Ayuntamiento de Madrid, se le ha ocurrido limitar el acceso a la gran ciudad en momentos de alta contaminación. Claro, eso nos beneficia a todos. Sí. De nuevo tiramos de refranero con aquél que dice "muerto el perro, se acabó la rabia". Esto es, "si acabo con el tráfico rodado, ya no contamino". Nada nuevo. 

Lejos de analizar si abusar del consumo eléctrico, inundando las grandes ciudades con vehículos capacitados para ello, sea o no contaminar el planeta, cabría comentar aquí algo que nos toca la fibra de forma directa; porque las motos se han incluido en el paquete de vehículos que deberán estar exentos de circular por el protocolo establecido en el Ayuntamiento de Madrid. ¿Se está equiparando una moto a un coche? ¿Causa el mismo efecto un scooter de 125 cc que la pléyade de coches todoterreno de gasoil que inundan las ciudades? ¡Tabla rasa! ¡Todos café!, como diría el camarero harto de que le pidan todos los clientes de la barra una consumición distinta. 

Da tanta pereza adentrarse en la política que apenas los vagos de acción y espíritu, así como algún que otro "creyente" (por pensar que todavía hoy se puede ayudar al ciudadano, "creyendo" que ciertos problemas tienen solución con buenas acciones y mejores deseos), son capaces de hacerlo. Así que seamos breves en el planteamiento: al parecer, los políticos, ignorantes sobre ciertos asuntos como el de la vialidad urbana, se dejan asesorar por personas de un ámbito más o menos cercano pero, en cualquier caso, lo suficientemente sabias como para analizar y resolver un problema determinado con criterio... y gracias a un suelo más bien generoso. Pues bien, al parecer y una vez más, la política ha vuelto a fallar. No parece vinculante el signo político, la mano de un lado o de otro del cuerpo se decanta por el mismo camino, el de "todos café". Es lo fácil, como también será lo más sencillo pagar al asesor con pingües beneficios para más de un sujeto, incluido el que firma la nómina. 

¿Por qué la realidad nos convierte en sujetos malpensantes? Tal vez sea porque, a estas alturas de la película democrática, estamos escarmentados de vagos y maleantes, de chupócteros (como decía aquél) y aprovechados de los impuestos que pagan los de siempre. Ahora, como de costumbre por desgracia, todo ello revierte en contra del "pagano" obligándole a dejar el scooter en casa: sí, a ese mismo al que se le sugirió comprar un diésel porque se ahorraba un dinerito en combustible a final de mes, al mismo que se le presentó la opción de hacerse con una moto para acceder al centro de la ciudad, cada día, para acudir al trabajo evitando atascos o problemas de aparcamiento, todo ello para cobrar un sueldo y darle una vida saludable al listado de políticos y sus tremendamente capacitados asesores. No, no, ahora hay que subirse al "infrautilizado" transporte público aparcando, los que vienen del extrarradio, en unos parking disuasorios que no existen... Al menos, los que dijeron en número y situación estratégica que se iban a ofrecer años atrás.

Mentiras, falacias y tomaduras de pelo. Eso es lo que recibimos de la clase política casi 50 años después de salir de una dictadura. Al menos, antes, el que mandaba, uno, grande y libre, hacía lo que se le pasaba por el supuesto, mal escrito y expresado, entendimiento. Curiosamente, hoy son varios los que hacen lo mismo, eso sí, elegidos por la ciudadanía. Un conjunto de trabajadores engañados que, por muchos gobiernos que pasen, no terminamos de escarmentar. Ahora bien, atención, porque estas palabras no deben entenderse como un alegato en contra del sufragio universal. Hay que votar, siempre. El pueblo debe ser dueño de su propio destino. Lo peor de esta imperfecta ecuación sociopolítica es, sin ánimo de ofender, la mano negra del político y sus bien pagados asesores. Nunca desaparecerán de nuestro mapa de influencia cercano. Qué cruz. 

 Nada es perfecto.

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