La primera del año.

Maldita hemeroteca...

La primera del año

¡Qué mejor forma de comenzar el año que felicitándolo! Los mejores deseos para todos en esta nueva singladura en la que, para no variar costumbres, ya comenzamos con el primer tropiezo… y con él, la primera en la frente y consiguiente bofetón institucional. Resulta que ahora es raro regresar de vacaciones cuando lo hace todo el mundo, o eso le parece al o los encargados de velar por nuestra seguridad en las carreteras. Cuando un fin de semana coincide con el regreso de las vacaciones navideñas, ¿no será que se acumulará una importante cantidad de vehículos en las carreteras? Si además se prevé un clima adverso, ¿podrían colapsarse las vías públicas? Aquello de “dos más dos igual a…”, no parece interesar a países tan europeos y desarrollados como el nuestro. Ahora bien, cuando quedan atrapadas cientos de familias en sus vehículos, tirados en una autopista durante más de 10 horas de vuelta a casa, nos damos cuenta de que algo falla.

Como sí era de esperar, la solución viene de “pasarse la pelota” entre unos y otros. Nadie es el culpable, sino que son los demás los que tenían que haberlo tenido previsto y haberlo resuelto. Lo cierto es que, desde la perspectiva del ciudadano de a pie, el que paga impuestos, el que deja de recibir el 20% de su salario para conservar el Estado del Bienestar, situaciones como las que se han dado finalizando las vacaciones de Navidad son impensables en España. Sí, impensables, pero suceden. Y lo que es peor, se repiten en el tiempo como si viviéramos en un 28 de diciembre permanente.

De acuerdo. Ante un ridículo de semejantes características, lo siguiente a lo que alguien debe enfrentarse es a pedir perdón, lo primero y, después, por aquello de la “vergüenza torera”, a presentar la dimisión de su cargo como máximo responsable de un departamento, una cartera ministerial, un… lo que sea. Pues bien, de todo ello, nada de nada. O dicho con otras palabras: como nadie tiene la culpa de estos problemillas, nos quedamos como estamos y ya pasará la tormenta, nunca mejor dicho.

Un enfado, por llamarlo de algún modo, que debería quedar plasmado en una demanda contra los organismos encargados de velar por nuestra seguridad, ya sea la empresa encargada del mantenimiento de la autopista que dejó incomunicadas a cientos de coches durante una extremadamente fría noche invernal, ya sea el Señor Director de la DGT (ausente de su puesto el día de marras), o lo que sea pertinente.

Por cierto, un detalle de falta de decoro, dignidad, vergüenza o como quiera decirse: los atrapados en la autopista, o al menos una parte de ellos, cuando lograron, ¡por fin!, llegar al peaje, ¡les hicieron pagar! ¿Pagar por su incompetencia? Sí, ya que, por desgracia, esto sigue siendo España. Y nosotros, habitantes del sur de Europa sufriendo a sus dirigentes.

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