¿LAS MOTOS SON PARA EL VERANO?

Nos encontramos inmersos en los meses más esperados por una gran mayoría de aficionados a la moto. El que tenga la suerte de poseer una, seguro que ya la ha desempolvado, quitándole las telas de araña de los pasados meses de frío y lluvias para intentar arrancarla. 

En caso positivo, ahí estará, circulando después de una necesaria revisión. Primer problema: ni la presión de los neumáticos es capaz de comprobar más de un profano. ¿Cómo? ¿Qué no puede haber nadie tan incauto como para ni siquiera comprobar el estado de los neumáticos después de meses en el dique seco?

Para dar fe de que la ignorancia del ser humano es infinita, no hace falta más que visitar algún que otro taller de reparación de motos y darse de bruces con la realidad. Fue durante el mes de julio cuando ocurrió lo que a continuación se relata: un orgulloso propietario de maxiscooter se acerca al taller habitual, próximo a su lugar de residencia en una de las zonas nobles de la capital, habiendo pedido hora para una revisión vía on line. 

Una vez llega el usuario con su "maxi", aparca en la puerta y el recepcionista del taller se acerca para tomar nota de los trabajos necesarios, previamente apuntados como "revisión de los 20.000 km"... ¿Y cuál era el estado del vehículo? A saber: neumático delantero escalonado y prácticamente sin testigo-avisador que indicaba la ausencia de huella en el dibujo; neumático trasero con la lona a la vista, a punto de sufrir un fatal reventón; aceite manchando ambas barras de horquilla, síntoma de retenes destrozados y, de regalo, pastillas de freno marcando los discos delanteros. Al parecer, el dueño del scooter decía que frenaba bien, aunque algo sonaba por ahí que...

 En pocas palabras, y para que todos nos entendamos, ¿es necesario jugarse la vida con un vehículo en ese estado? ¿Es consciente el individuo en cuestión que está arriesgando no solo la suya, sino también la vida de los demás? Pero como no solo la ignorancia humana es infinita, sino también la estupidez, nuestro protagonista sí que se sentía orgulloso de cómo sonaba su silenciador "sin tapón", como él decía. A su paso se apartaban los coches en los atascos, aseguraba con una sonrisa.

En eso sí que se gastó el dinero, pero en ruedas, frenos y fugas de aceite... ¿para qué? Esto nos recuerda otra de las plagas bíblicas que nos asedian en pleno siglo XXI. Si durante el pasado fueron las motos deportivas el centro neurálgico de cretinos ruidosos, cuyas reminiscencias todavía hoy sufrimos, ahora gran parte de esa caterva se ha desplazado a otro aparato "de moda", el maxiscooter con silenciador "de moda" y sonido "de moda". Todo parece indicar que continúa estando "de moda" tener un retraso evolutivo cerebral con dos ruedas bajo el culo. Cómo no, de nuevo nos acercamos al epicentro del seísmo: la educación. 

El relato nos manifiesta que no necesariamente son las clases más bajas las deseosas de protagonismo barato, sino que otras más pudientes también gustan de lucir aureola de "rey de los cretinos". Tal vez más triste que esto sea el hecho de no invertir en su propia seguridad un dinero del que se dispone con cierta holgura; pero si no fuera así, ¿por qué no invertir en un deportivo descapotable? Así, al menos, nos dejarían en paz a los que apostamos por la paz, el "vive y deja vivir", el ambiente sano y la camaradería en moto.

Educación y sentido común. No es tan complicado. Lástima que a las alturas en la que nos encontramos del verano, todavía haya cretinos haciendo ruido con sus "maxis". Será que todavía el neumático retiene el aire en su interior, aunque ya aparezca la lona por el centro de la banda de rodadura. Pobrecillos, ellos pasando calor, sin chaqueta ni guantes, y dándolo todo para hacer ruido y abrirse paso entre la muchedumbre de coches que asedian la capital. Haceos un favor y coged vuestro "maxicoche" con aire acondicionado. Que sí, que iréis mejor y más fresquitos. 

Haréis un gesto positivo para la sociedad en la que os habéis colado, tan saturada de cretinos escandalosos. A disfrutar del verano y de la moto con sensatez, que todos queremos llegar a cobrar la jubilación... si nuestros políticos nos lo permiten, aunque eso ya es otra historia.

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